¡Bienvenido febrero!
Tengo días sin escribir, no crean que olvidé cómo hacerlo, es sólo que he tenido tantas cosas en la cabeza, que cada vez que me siento y escribo un párrafo, lo llego a odiar tanto que termino por borrarlo y cerrar la conexión. Igual que a los músicos, a los artistas, a los pintores y a los creativos, hay días en que pareciera que el universo conspira contra uno y se lleva a la musa a pasear.
Enero fue un mes de lo más odioso. En 31 días pasó de todo. Lo de Haití me dejó sin aliento, lo de RCTV Internacional terminó por exterminar el poco factor sorpresa que me quedaba. La devaluación me quitó algunas expectativas financieras. La investigación contra Laureano Márquez y el periodista Miguel Ángel Rodríguez me llenó de indignación y de un sentimiento tan desagradable que no merece ni ser compartido.
El primer mes del año no me dejó muchas cosas positivas. Creo que no fui la única, conozco a otras víctimas por ahí. Fue tal la desesperación que comencé a creer que Marte está retrógrado y en todas esas cosas de energía universal.
No sé ustedes pero me sentí feliz cuando llegó febrero. Sentí que respiré un aire diferente. Si la cosa tiene que ver con los planetas, que por favor dejen el bochinche y regresen a sus casas.
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